El vecino exclamó:
- Pero él se comerá a mi conejo!
- De ninguna manera, mi pastor es cachorro.
Crecerán juntos, serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas. Y, parece que el dueño del perro tenía razón. Juntos crecieron y amigos se hicieron. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés. Los niños, felices observaban cómo ambos vivían en armonía.
Un viernes el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia. El domingo, a la tardecita, el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuando entra el pastor alemán a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra... muerto. Casi mataron al perro de tanto agredirlo.
La primera reacción fue pegarle al perro, echar el animal como castigo. En unas horas los vecinos iban a llegar. - ¿Qué hacemos? Todos se miraban. El perro, llorando afuera, lamía sus heridas.
- ¿Pensaron en los niños y en su dolor?
No se sabe exactamente de quien fue la idea, pero dijeron:
- Vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpio, después lo secamos con el secador y lo ponemos en s.u casita en el patio. Como el conejo no estaba en muy mal estado, así lo hicieron. Hasta perfume le pusieron al animalito. Quedó bonito, parecía vivo, decían las niños.
Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo. El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente
Decimos esto está bien ó esto está mal ó esto es bello ó esto es feo sin advertir que todas ellas son sentencias de carácter puramente subjetivo y que sólo responden a nuestra apreciación de la realidad.
La irrefrenable tendencia del ser humano a juzgar las acciones de los demás debería ser sometida al propio juicio de quien las ejercita.

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